Lo miro con furia y lo veo luchar para controlarse y no echarse a reír. ¡Cerdo conspirador! Me tiene acorralada, desnuda, llego tarde a trabajar y necesito que me lleve a casa.
De pie, considero el trato. Si soy sincera, no pensaba emborracharme mucho, especialmente después de mi actuación del sábado pasado. Ni siquiera le he preguntado todavía a Nina si está libre, pero no quiero que don Controlador piense que puede dictar todos y cada uno de mis movimientos. Como dar la mano y que te tomen el brazo.
—¡De acuerdo!
Total, ¿cómo va a enterarse de si me tomo una copa? Parece sorprendido. —Ha sido más fácil de...