Todos damos un salto al oír un golpe familiar en la puerta. Tengo el corazón en la garganta y miro a Lucas.
—Dijiste que venía en camino, no que ya estaba aquí —masculla Lucas con enfado. Tiene clavada en Derek una mirada dura como el acero.
—¡Oye, que yo no le he dicho nada! —Está muy a la defensiva—. No hace falta ser un genio para imaginarse dónde está Addison.
—No le abras, Lucas —le suplico.
Una combinación de distintos golpes llega desde la puerta principal. Dios, no quiero verlo. Mis defensas no están lo bastante fuertes ahora mismo. Salto al oír otra serie de golpes, seguidos de un coro...