Termina de lavarse los dientes, se echa agua en la cara, se agarra al borde del lavabo y respira hondo unas cuantas veces. Me preparo para la tormenta, pero no estalla. Pasa por mi lado y gira al dormitorio.
Lo sigo como una desesperada.
—¿Adónde vas? —pregunto a sus espaldas conforme se dirige a la puerta.
Se detiene en seco y tarda unos instantes en girar sus ojos oscuros y atribulados hacia mí.
—Tengo asuntos que solucionar en el Hotel. —Su voz suena totalmente carente de emoción, mientras que yo estoy a punto de echarme a llorar. Estoy petrificada.
—Creía que íbamos a hacer algo juntos esta noche —le recuerdo...