—Mírame, Addison —susurra.
Abro los ojos y me encuentro con los suyos de inmediato. La expresión de su rostro confirma mis pensamientos: tiene la mandíbula tensa, la arruga de la frente más marcada que de costumbre y los ojos verdes en llamas.
Muevo un poco las caderas para darle a entender que estoy bien y, tras mi invitación, empieza a retirarse con lentitud hasta que estoy segura de que va a salir, pero entonces, poco a poco, comienza a hundirse de nuevo hasta la parte más profunda de mi ser, y entra y sale, y entra y sale.
—Hummm... —gimo con un largo suspiro.
—Me encanta el sexo soñoliento contigo...