Desliza la mano por mi vientre, hacia el punto en el que se unen mis muslos.
—Muy en serio —lo reto, y doy un respingo cuando introduce el pulgar en mi zona sensible.
Dios, nunca voy a cansarme de él.
—Voy a ser muy rápido —musita mientras continúa follándome con el dedo. Suspiro y saboreo sus caricias expertas—. No juegues conmigo, Addison.
Retira la mano y se aparta.
«¡¿Qué?!»
Quiero agarrarlo y volver a meter su mano donde debería estar. ¿A qué demonios juega? Le lanzo una mirada como diciendo «¿De qué coño vas?», y se ríe a gusto.
—Ya llego tarde porque quería asegurarme de que comías algo. Si...