Eso no me hace sentir mejor. Ya lo he hecho otras veces, y he acabado teniendo que llevarla a hombros por el supermercado mientras ella gritaba por todas partes y me daba patadas sin cesar.
Miro a Addison con ojos suplicantes y haciendo pucheros como si fuera gilipollas, pero ella simplemente sacude la cabeza y empuja con suavidad a mi pequeña y caprichosa señorita hacia mí. Sabe como seducirme, sabe como convencerme y atraerme a ella. La amo, no podría amarla menos.
Ahora me está sonriendo y estira los brazos para que la tome. Me derrite el puto corazón, pero, joder, ¿qué coño me espera en los próximos años? Me...