¡Un momento! Estoy totalmente desorientada y todavía llevo en la mano las bragas que pensaba ponerme. No me da ocasión ni de verle bien la cara. Sus labios chocan con los míos y empieza a comerme la boca con ansia. Pero ¿qué coño pasa? No puedo ni intentar soltarme ni preguntarle qué hace aquí. Me pone a cuatro patas y desliza los dedos por mi entrada —sin duda para ver si estoy lista— antes de desabrocharse la bragueta y empotrarse en mí con un grito entrecortado.
Chillo y, como premio, una mano me tapa la boca.
—Silencio —masculla entre una y otra arremetida.
¡Joder! Estoy indefensa mientras él entra y...