Cierro los ojos e intento recobrar el aliento. Entro en una especie de coma por agotamiento.
El teléfono que hay junto a la cama empieza a sonar y abro los ojos de golpe. «¡Lucas!» Me arrastro hasta el cabezal y contesto:
—Déjalo subir, Clive.
Corro escaleras abajo, sintiendo una mezcla de alivio y emoción al ver a Lucas salir del ascensor. Su presencia es un bálsamo para mi alma, y no puedo evitar correr hacia él y abrazarlo con desesperación.
Me siento reconfortada por su cercanía, y la preocupación que había estado latente en mi pecho se disipa momentáneamente. Lucas siempre ha sido mi roca, mi apoyo incondicional en momentos...