—Soy sólo tuyo. —Se lleva mi mano a los labios y me besa la palma con firmeza—. No les hagas caso. Sólo están sorprendidas. Se sienten despechadas al ver que les ha ganado la partida una belleza joven y despampanante de ojos oscuros. Mi belleza.
—Y tú eres la mía —afirmo bruscamente.
—Siempre, Addison. Cada milímetro de mi cuerpo es tuyo. —Mueve un poco el cuerpo y deja caer todo su peso sobre mí, cubriéndome por completo. Me agarra la cara con las palmas de las manos y me mira fijamente con esos ojos oscuros que tiene—. Addison, tú me perteneces. —Posa los labios sobre los míos—. ¿Entendido?
Afirmo con...