Me uno a las inevitables carcajadas de Nina, y nuestras copas se tambalean peligrosamente mientras nos reímos a mandíbula batiente como un par de adolescentes borrachas que se han pasado con la sidra. Necesito parar de beber ya. Estoy a punto de sobrepasar el umbral de la diversión para caer en el terreno de hablar arrastrando las palabras y hacer eses como una borracha. Mi Mr. Sexo, exigente y nada razonable, aparecerá mañana a las ocho de la mañana y debo asegurarme de no tener resaca.
—Creo que va siendo hora de retirarse —dejo caer con toda la diplomacia posible.
Nina asiente con la copa de vino en los labios....