—¡Joder! ¿Es que quieres que acabe en un manicomio, Addison? —Se peina el pelo con los dedos y
alza la vista al cielo—. ¿Estás jugando conmigo? Porque es lo último que necesito, señorita. Acabo
de asimilar que no estás embarazada, ¿y ahora resulta que sí lo estás?
—Siempre lo he estado.
Deja caer la cabeza y los brazos, que cuelgan de sus costados mientras me observa atentamente
con expresión de escepticismo.
—¿Cuándo pensabas decírmelo?
—Cuando me hubiera hecho a la idea —respondo.
Ni siquiera intento mentirle, lo sé porque no necesito controlar el impulso de retorcerme el
pelo. Tal vez estuviera procurando disfrutar al máximo del Nick dominante antes de...