Intento quitarle el tarro, pero me esquiva y hace una rápida retirada al taburete de la isleta, se coloca el tarro bajo el brazo para desenroscar la tapa y mete el dedo para sacar una buena cantidad. Me mira sonriente mientras se lleva el dedo a la boca y sus labios forman una O cuando lo saca reluciente.
—¡Eres como un niño!
Me decido por el pollo fileteado y lo saco de la nevera. Yo ya he comido, pero voy a tener que hacer un esfuerzo por engullir algo más con tal de que él coma conmigo.
—¿Soy como un niño porque me gusta la mantequilla de cacahuete? —pregunta por...