—¿Y si dejas de pensar y actúas? —Elevo las caderas para mostrarle que me gustaría que me
hiciera algo más que besarme. Sus movimientos van a hacer que vuelva a calentarme. Sigo
palpitando y apretando su erección dentro de mí.
—¿Me está dando usted órdenes, señora White?
—¿Me está rechazando, señor White?
—No, pero...
—Ya sé quién tiene el poder —lo interrumpo, y él me sonríe con picardía mientras se agacha,
pega los labios a los míos y toma lo que estoy tan dispuesta a darle.
—Jamás había probado nada tan delicioso. —Menea las caderas y sacude mis restos de placer.
—¿Ni siquiera un pastelito de Addison? —le pregunto pegada...