Capítulo 40 Él me miraba solo a mí
Valeria enarcó las cejas, Manuel estaba en la ciudad y deseaba verla, la había llamado temprano en la mañana y él estaba coqueteándole.
—Déjame invitarte a almorzar —le propuso.
—De verdad que no puedo, Manuel, pero gracias.
—¿Ni siquiera cómo amigos?
Ella lo pensó, tal vez hubiera llegado el momento de dar el salto ya no era una quinceañera reflexiono. No obstante, me imagino diciéndome a mi conciencia, esa que es una conciencia mala en forma de diablito y una con forma de ángel, diciéndome:
Lo siento, pero un hombre no es la solución a mis problemas. De hecho, agravaría mis problemas...