Mis manos que estaban aprisionadas por una de las de el, son liberadas y siento como el peso de su cuerpo me abandona, de un momento a otro soy jalada por uno de mis brazos, Allarik me toma por los hombros y soy girada hacia él con una agilidad impresionante.
Toma las esposas con las que me tenía sujetada a la cabecera de la cama y me las coloca de nuevo sin importar cuanta resistencia de mi parte oponga.
—Ya déjame en paz —le digo cuando veo sus intenciones de guiarme al balcón y el miedo comienza a apoderarse de mi.
—¿Dejarte en paz? —pregunta con ironía—. Pero si tu...