A medida que los años pasaron, nuestro amor y nuestra familia continuó creciendo y prosperando. Santiago, nuestro primer hijo, creció sano y fuerte, convirtiéndose en un niño lleno de curiosidad y alegría. Su risa llenaba la casa y sus ojos, los mismos ojos de Thiago, brillaban con intensidad. Cada día que pasaba, era un recordatorio de lo afortunados que éramos por tenerlo en nuestras vidas.
Con el tiempo, descubrimos que estábamos esperando un nuevo miembro en nuestra familia. La noticia de que estaba embarazada nuevamente, esta vez de una niña, llenó nuestro hogar de entusiasmo y felicidad renovada. La espera de la llegada de nuestra pequeña se convirtió en una...