Narra Alondra Ferreyra Pérez
Escuchaba a mi niño hermoso, a mi David, hablarme desde lejos pero era raro pues yo no lo podía tocar, no lo podía ver, únicamente sentía su mano cálida entre la mía y eso me calmaba, me reconfortaba, sabía que estábamos juntos ¿Cómo y dónde? No lo sabía pero estando con él eso era lo que más me importaba y necesitaba. Él me daba fuerzas para querer seguir adelante.
Lo escuché llorar, pedirme que volviera con él y sentí ganas de mirarlo, de hablarle y de decirle que ahí estaba con él, que no me iría a ningún lado. No sabía si estaba dentro de un...