Narra Alondra Ferreyra
Veía a David, demasiado raro, no sé, pero algo definitivamente que no estaba para nada bien con él. Todo el día, lo había notado demasiado misterioso, pero no dije nada en el paseo, para no echar a perder las cosas. Me puse a ayudarles a las chicas a poner la mesa, pues esa noche íbamos a cenar ahí en la casa y ya que nos sentamos todos y empezamos a tomar lo que íbamos a cenar, se reveló el motivo, por el que mi amado güero estaba así.
–Colega, por favor, ten cuidado con lo que comes hoy, que la nochecita que nos diste ayer, estuvo fatal...