Narra David De María
Mi madre como era de esperarse entró a mi recámara para que, le explicáramos lo que estaba pasando y era normal, pues mis gritos la habían llevado hasta ahí. Debió escuchar mis gritos y mis reclamos y el llanto de Alondra, quién seguía desecha sin que nada pudiera detenerla o calmarla, ella siempre era así cuando se ponía a llorar.
Pero ya no podía hacer nada, ya teníamos a mi madre, en la recamara y no se iría hasta que le respondiera, no se iba a ir y ya, y yo no sabía que decirle.
–David, te estoy hablando hijo – Mi madre me pedía la...