Narra David De María
Mi madre, salió devastada de nuestro piso y no era para menos. En menos de un rato se había enterado de lo que pensábamos hacer Alondra y yo, en el caso que ella pudiera estar embarazada. Lo sentía mucho por mi madre, pero yo no podía obligar a Alondra a tener un bebé cuando yo tampoco, tenía contemplado aquello en mis planes.
Yo no quería ser padre y no había forma en que nadie, me obligara a que lo fuera. Abracé a mi consentida, que estaba llore y llore, pues esto le había afectado más de lo debido.
–Mi consentida, no llores Alondra – La abracé...