Chapter 6 Temor

Chapter 6 Temor

Recorrí la amplia habitación, aturdida, con un dolor punzante en su pecho. Los ojos me ardían, la garganta estaba seca. No reconocí mi entorno, no supe la hora, no dónde rayos estaba postrada.

—Max… ¿dónde estás? —susurré, mi voz ahogó el silencio  por unos segundos.

Nadie emitió respuestas, Max no estaba en la habitación. Intenté deslizarme sobre las almohadas pero en el acto la puerta que se mantuvo cerrada emitió ese estridente chirriar siendo abierta, en cuanto nuestras miradas conectaron yo me estremecí y mi corazón aumentó su ritmo cardíaco. Su mirada me recordó cada minuto antes y después de que Marie, su madre y la que por unos años lo fue para mí también, me disparara.

Antes de sumergirme en una oscuridad de la que creí no poder escapar, descubrí que él guardaba secretos torno al tema de Máximo y sé qué no era el momento para exigir explicaciones sin embargo no iba a permitir que continuara mintiéndome en mis narices.  Maximiliano tenía el deber de decírmelo todo sin importar cuán horrible era el oscuro pasado de su familia, el suyo.

—Mi amor, Emireth ¿cómo te sientes?  —vi desesperación, miedo y martirio.

Allí estaba de nuevo ese sentimiento que lo atormentaba, ahora desconocía al hombre frente a mí, por primera vez me sentí reticente. ¿Podía confiar en alguien que me ocultó parte de su vida? ¿estaría a salvo con el hijo de la mujer que intentó matarme? Lo mejor sería actuar precavida.

—T-tengo sed.

—Claro, Emi y… ¿Qué quieres comer, mi ángel? —consultó ahuecando mis mejillas, dejó un beso en mi frente, estaba a punto de llorar —. Un lo siento no es suficiente, pero quiero que sepas que lo lamento mucho, prometí cuidarte y no lo hice.

Y se quebró, ocultó su rostro en mi cuello empapandome de sus lágrimas. El hilo tembloroso de su voz sollozante acabó siendo convulso. Aspiré profundamente, me aferré a él. Sé que lo que pasó no fue su culpa, incluso si tuvo que ver con lo de Máximo o no, no era una mala persona. No es igual a ellos, él es bueno. Intenté convencerme de ello.

¿Dónde estoy? ¿Qué pasó con Marie? ¿Qué ocultas, Max? Quise preguntarle pero no dije una sola palabra. Se separó, sirvió un vaso de agua y me lo dio. Taciturno, evitando mirar

—¿Dónde está Matt? —formulé.

—Emi… Estamos en Francia.

—¿Qué?

—Matthew está en su dormitorio. Te explicaré Emireth.

—Sí, necesito saber todo y no me refiero solamente a lo que pasó. También te exijo que me digas quién fue Máximo.

—No puedo, no me pidas eso, por favor —se tomó la cabeza pidiendo que me calmara. ¿En qué momento la alegría de verlo, los planes y nuestro amor se deshizo? ¿Dónde estaba la luz que empezaba a esclarecer nuestras vidas? Nos habíamos vuelto una luz intermitente. El nosotros fue solo cuestión de segundos; desapareció dejándonos pendiendo de un hilo, advirtiendo que el titular podría apagarse.

—No sé si estaré bien contigo, ahora pongo en duda mi estabilidad a tu lado. Ocultas algo tan espantoso, que… ¿eres incapaz de decírmelo? Tampoco me siento cómoda en este país; tomaste una decisión por los dos, Max —hice una pausa, pero decía cosas de las que al rato me arrepentiría.

—Decidí lo mejor, pensado en la estabilidad y comodidad de nuestro hijo, pensando en ti. Lo siento, en verdad creí que te haría bien alejarte, alejarnos de… —reflexionó, evitó decir su nombre.

—Marie Copperfield, huir de tu propia madre, porque casi me asesina —se me llenaron los ojos de lágrimas —. Suena horrible.

Se revolvió el cabello con frustración. Caminó hacia otro lado de la habitación, tornado de seriedad. Sé que pretendía ocultar la impotencia bajo ese semblante sombrío, yo era la víctima, pero la mala de la historia, su madre y eso lo tenía en una situación difícil. Lo amaba pero Max ya no era el mismo.

—Regresé a los Estados Unidos, con el anhelo de poder verte, mirarte otra vez y cerciorarme de que estabas bien. No sabía que mis padres te tenían terminantemente prohibido que me contactaras. Yo pensé que no querías saber nada de mí. ¿Sabes cuántas veces le pedí a mamá que te pusiera al teléfono, frente a la pantalla de la Mac y poder sentirte más cerca? Eso nunca sucedió. Necesitaba volver a verte, sentirme vivo —confesó de espaldas. Y un nudo se atascó en mi garganta —. Odio que casi pude perderte, creí que no iba a jalar el gatillo. Somos tan iguales y diferentes a la vez…

—¿P-por qué dices eso? —quise saber, sin embargo, Maximiliano Cooperfields me ignoró.

—Temí perderte. Y la verdad no soportaría pasar por la misma situación —me miró, clavó sus ojos invadidos de dolor en los míos —. Dos malditas semanas se convirtió en eternidad, el doctor me decía que pronto despertarías, así fue. Mientras papá arreglaba el asunto con las policías, me encargué del papeleo legal para sacarlos del país.

—¿Debo agradecerte por algo en lo que no fui partícipe? —cuestioné molesta

—Volvamos a empezar, he luchado por lo nuestro, creí hacerlo lo suficiente, pero se necesita de dos para poder lograrlo.

—No solo es trabajo en equipo, también se necesita confianza y claramente no confías en mí. Si lo hicieras, me dijeras la verdad, entonces sería capaz de entender la razón por la que Marie sucumbió a la locura, sin secretos, sin mentiras, sin más misterios y demonios atormentando a una familia. Dímelo Max.

—No metas presión, Emireth. Una relación se basa en paciencia y comprensión. No estoy listo para decirte lo que pasó, si lo hago todo sería más complicado.

—¿Comprensión? Cómo quieras. Déjame sola —no se movió —. ¡Que me dejes sola!

—No te agites, el doctor…

—¡No me importa lo que un estúpido doctor diga, no me importa nada, vete, vete, vete por favor! —pedí con voz desgarrada.

Tiré el vaso contra el piso, en el acto se hizo añicos. Continué gritando, en medio de sollozos rabiosos. Maximiliano… Él se alarmó.

—Emireth, mi ángel, mírame. Debes calmarte. Te amo, y tú también es o único que necesitamos. Tenemos todos una vida por delante, una familia —recordó sosteniendo mi rostro —. Matt es un niño que merece ser feliz.

—Nunca podremos ser felices —emití ahogada, destrozada —. J-jamás será perfecto.

—Por supuesto que sí, pequeña. ¿Acaso olvidas que si lo fuimos?

Negué temblorosa en el llanto.

—T-tengo miedo.

Lo recordé, el mismo temor de aquel día me azotaba. Ahora parecía tornarse peor.

“Nos habíamos vuelto una luz intermitente. El nosotros fue solo cuestión de segundos”

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