—Grazie, ha sido una noche agradable, Clara —expresa abriendo la puerta de la habitación, igualo la acción.
—Podemos repetir la ocasión cuando quieras, descansa —emito suspendida en esos ojos que me raptan y me hunden en la escalofriante sensación que se desplaza por mi ser.
Da un leve asentimiento de cabeza antes adentrarse a su estancia personal, yo a la mía, me recargo sobre la puerta cerrada y dramáticamente reposo una palma en mi pecho. Sí, parece que mi corazón rebota fuerte y pelea por escapar de su lugar.
Sonrío. Aprieto los párpados evocando minutos antes, sumida en la irrealidad palpable del instante; pero no debo confundir esa interacción con...