Capítulo 18 – Nunca le haría daño
Izan:
Sabía que estaba en la finca, su exquisito aroma, ya se había adueñado de todo el lugar, imposible estar allí y no pensar en ella. Salí a buscarla y la vi cabalgar, ella ni sospechó que era yo quien estaba en el jeep, cuando pasó al trote y hasta los buenos días me dio. El sombrero de ala ancha y las gafas de sol negras camuflaron mi presencia, el sol hizo su trabajo, encandilándola un poco, pues tuvo que poner su mano sobre las cejas para poder distinguir que había alguien dentro del vehículo detenido a su paso, pero no pudo ver...