Las palabras de Guillermo hicieron ruido en mi cabeza, fue como si una lanza me hubiera traspasado el corazón haciendo que se partiera en dos. Un frío invadió todo mi cuerpo, comencé a temblar de forma descontrolada, lo miré y le pregunté llena de angustia:
— ¿Qué has dicho? Eso tiene que ser mentira, no es gracioso que me digas algo así en un momento como este en el que debería estar feliz celebrando el nacimiento de mi hija.
— Entiendo que esta noticia no te la esperabas, pero es verdad lo que acabas de escuchar, tu madre falleció hace unas horas.
— ¡No! Eso no puede ser, mi madre...