Me sentía realmente mal, culpable, traidora, en fin, sentía que era la peor mujer del mundo por seguir sintiendo una atracción y un deseo incontrolable hacia mi cuñado.
Luis José tratando de mediar la situación antes de que empeorara y más aún después de ese beso que me hizo estremecer nuevamente, intervino diciendo:
— Nelson, lamento que esté confundido, pero yo solo estoy en la habitación de Ana Paula, porque vine a curarle la herida de su pie.
— ¡Ah claro! Ya se me había olvidado de que eres médico. Pero que amable de tu parte, es una gran ventaja tener a un doctor en la familia. ¿No te parece...