—Fuiste tu solita la que se metió en mi matrimonio, yo he estado siempre en el mismo lugar, siendo la señora de César Abdala.
—¡Te vas a arrepentir!
Un puño impactó en la nariz de Rocío, no daba crédito a la escena. Fernanda le había dado tremendo golpe, Sandra y ella habían llegado a mi lado.
—Creo haberte dicho maldita, perra, salida del infierno, que si te metías con mis amigos te las verías conmigo, ¡qué!, ¿no encuentras penes solitarios para que no te metas con los ajenos?
Dios, ese vocabulario y eso que no se siente bien, de lo contrario estaría sobre ella dándole golpes. No sabía si reírme...