Salí de la iglesia diferente, hablar con él fue muy gratificante, ya iba a ser mediodía, no importaba la hora, debía arreglar mi relación con mis suegros. Me carcomía el alma haberles causado ese dolor, ellos adoraban a su hijo. No me siento nada bien con la culpa. No tenía ningún derecho de dañarle la imagen de César, si no lo hice desde un inicio cuando empezó todo, no tenía ningún sentido haberlo hecho después, el padre y hasta el mismo César tenían la razón, yo lo había perdonado.
—Julio, llévame a la casa de mis seguros. —Le sonreí, él se me quedó mirando por el retrovisor, era un hombre...