Oliver estaba empezando a encontrar incómodo sentir que de alguna manera podía herir a Elissa, quizás no eran amigos o pareja, pero esa vez que compartieron juntos la cama, fue demasiado... intensa, de alguna manera se sentía especial. Él usualmente no catalogaba sus relaciones sexuales por "especiales", pero lo cierto es que así es como lo había sentido con Elissa. Lo cierto es que con ella todo eran tan distinto que sería un ciego si no fuese capaz de notarlo a la primera. Existía una química potente cada vez que estaban cerca, su cuerpo clamaba por ella, y sin embargo, no podía darle rienda suelta a todo lo que quería hacer con ella. En primer lugar, el trabajo que tenían. En segundo lugar, Erica lo mataría si llegaba a hacerle daño. En tercer lugar, Oliver solía huir de ese tipo de emociones.
Cerró sus ojos, y negó con la cabeza, tratando de alejar aquellos pensamientos innecesarios para poder concentrarse en su cita, la chica fue al baño, estaban a punto de irse al motel al que siempre iban para acostarse. Sería la cuarta vez que se acostaban, era una modelo de marcas reconocidas. Y a Oliver le gustaba mucho físicamente, nada más. No era tan vacía y hueva como las demás que solía frecuentar, así que estaba bien con eso, era agradable, para variar. Pero no había aquel fuego que sentía con Elissa en cambio, solamente tenían sexo, pero no tocaba el cielo con Elvira.
Él tenía como regla solamente permitirse acostarse hasta cinco veces con la misma mujer antes de finalizar la pequeña aventura, era su límite para que ellas no pensaran que podía suceder otra cosa. Tenía que hacerlo, aunque fuese algo horrible para algunos, pero esa era su manera de evitar que las cosas fuesen a otro nivel o ellas pensaran en eso.
A veces funcionaba, y a veces no. En ocasiones tenía que ser muy directo cuando las chicas tenían otra clase de pensamientos acerca de lo que podían tener con él.
Aunque conocía a Elvira, no era candidata para ayudarlo con el matrimonio arreglado, definitivamente una chica como ella inmersa en el cotilleo y el mundo de la moda, no podría mantener la boca cerrada. Ella solía contentarse con uno que otro regalito, como vestidos elegantes y carísimos para sus pasarelas o joyas que le combinasen, pero no solía meter a colación si algún día iban a formalizar nada, él ya dejaba las cartas sobre la mesa. Aún con que no presione a Oliver, seguía pensando que no era la mujer indicada.
Bebió el licor que tenía en el vaso delante, y cuando ella regresó, se fueron inmediatamente al hotel, en donde trató de perderse entre sus piernas, solamente que mientras la miraba debajo de él gimiendo y pidiendo más, no fue el rostro de Elvira el que veía, sino de cierta rubia. Cerró los ojos con fuerza y lo achacó al alcohol, eso tenía que ser. Se dejó ir con un gruñido, enojado consigo mismo.
Tiempo después, tiró el condón en el bote de basura, se dio un baño y volvió a vestirse. Vio a Elvira dormida, le dejó una nota recordándole que le pidiera a su contador comprarle cualquier gusto pequeño que tuviera. Luego, regresó a su casa, ahí todo estaba silencioso. Fue a mirar a Elissa a su habitación, para ver si estaba bien, y la encontró durmiendo plácidamente en su cama. Dándose por satisfecho, fue a su habitación para intentar dormir, solamente que al entrar de inmediato recibió una llamada, en la pantalla marcaba el nombre de su hermana Kary.
Oliver suspiró con frustración, pero no tuvo más remedio que atender la llamada.
—Diga —murmuró, con voz cansina.
—Hey, hermano. ¿Cómo estás? Qué bueno, me alegro, yo también. Voy a ir directamente al grano porque la verdad me urge que hablemos del tema ahora mismo: la lectura oficial del testamento será en los próximos días, así que cancela todo lo que tengas que hacer para esa fecha y por favor, por favor, tienes que venir, aunque ya sabemos todo. Recuerda que otra estúpida cláusula es que tenemos que estar presentes a la lectura o no hay nada —dijo Kary de sopetón, sin detenerse. Y podría seguir, pero su hermano la detuvo.
—Lo sé, lo sé, no soy estúpido. Y antes de que te pongas a sugerirme alguna de tus estúpidas amigas para hacer la farsa, mi respuesta es no.
Kary gruño del otro lado de la línea.
—Oh, ¿en serio? Y acaso mi querido hermano mayor de pura casualidad, ¿Ya tiene el problema resuelto? Necesitas una esposa y un hijo, o un hijo al menos, pero mejor si es ambos —alegó—. Sabes que está todo en juego, dependemos de eso y muchas personas también, no estamos seguros de lo que haría Alexei con tanto poder. Aunque nuestro padre le haya dado el apellido, ante el mundo es un bastardo salido de las sombras, y eso no debe de gustarle.
Oliver cerró sus ojos y se apoyó en la pared.
—Estoy seguro de que no haría nada bueno. Escucha, sobre la chic… —Oliver hizo una pausa, de repente recordando algo sumamente importante que podría servirle.
Elissa necesitaba el dinero. Su madre estaba enferma, tenía un tumor benigno que podría volverse peligroso para ella y con el adelanto que él acababa de darle solamente pudo pagar lo que debían, pero si él le ofrecía un trato... Interesante, y beneficioso para ambos, quizás todo podría resultar bien para ambos, ganarían mucho. Solamente había que hablarlo bien y dejar las cosas en claro.
—Está resuelto, te marco mañana —finalizó la llamada sin esperar respuesta, le urgía ponerse a pensar en su plan.
Entró en su habitación y se sirvió un vaso de brandy, mientras sus ojos paseaban por la habitación y su cerebro iba a toda prisa.
«Hm, Elissa Sandoval… Es bonita, sí, no tan proporcionada, pero es agradable, no nos conocemos mucho, pero tenemos amigos en común; Erica es su amiga y eso debe de ser algo bueno, quizás yo pueda confiar en ella. Y necesita el dinero con urgencia, de lo contrario no habría aceptado trabajar para mí, con quien se acostó una noche sin conocernos de nada», pensó él.
Solamente tenía que encontrar el momento indicado para dar ese paso, no verse desesperado y tampoco asustarla, pero nada más tenía unos cuantos días para lograrlo. ¿Cuál arma le funcionaria bien? La seducción quizás no serviría, jurarle amor eterno no era algo que estuviera dispuesto a hacer… Pero quizás lo sentimental sí, si le hablaba con el corazón en la mano y le hacía ver qué era la víctima, que él era afectado por todo esto y creaba lastima en ella tal vez estuviera más dispuesta a ayudarlo, además sería recompensada. Aunque no sabía si su ética e integridad le permitirían aceptar la oferta, ya que parecía hasta para Oliver un trato muy frío e impersonal.
Pero recordó otra vez el amargo sentimiento de la sola idea de que la empresa familiar termine en manos desconocidas que no tenían amor ni respeto alguno por ella, y que encima jamás había movido un solo dedo para sacarla a flote: No. Él no iba a permitir que su legado familiar se fuera al demonio con su recién descubierto hermanastro, ¿qué derecho tenía?
Tomando un trago del licor, terminó por converse que Elissa Sandoval era la mujer indicada para darle un hijo, estaba casi seguro de que aceptaría.
Ahora solamente tenía que andarse con cuidado antes de ofrecerle el trato sin asustarla, pero que sonase tentador a sus oídos, de alguna forma ella terminaría dándole el hijo que necesitaba y Oliver le daría la ayuda que su madre con tanta urgencia requería, ambos saldrían beneficiados; incluso la idea de ser papá ya no le fue tan difícil de asimilar, tenía treinta años y desde que luego un hijo al fin y al cabo era esencial para un ser humano… Para hacerles compañía y también en su familia el estilo de ellos era tener hijos que heredasen el negocio, «todo quedaba en familia», ese siempre era el lema, y Oliver estaba de acuerdo. Ahora entendía un poco más la cláusula que su padre le había dejado, pero eso no significaba que estaría dispuesto a ser un hombre casado; todo lo contrario, seguía fiel a su juramento de no casarse jamás, y aunque quizás sí fuera a casarse técnicamente, sería algo falso, no sería real y era algo que terminaría pronto.
Aceptaba el hijo, pero no a la mujer. No debía o todo se iría al infierno. Porque amar te destruía, amar lastimaba en demasía. Y si amas a la persona equivocada, otras personas resultarían dañadas. Lo sabía, estaba tan seguro como que su padre era un desgraciado por todo lo que les hizo. De solo mirar a su madre Úrsula de esa manera frágil y débil, el estómago se le contraía del coraje, el pecho se le apretujaba y una quemazón amarga le llenaba el corazón.
Oliver estaba malditamente seguro de que no querría pasar por eso. Estaba malditamente seguro de que no quería enamorarse de la mujer con que se case, no ansiaba casarse, pero por su familia estaba dispuesto a hacerlo. Incluso a ser padre, después de todo, un pequeño ser a quien amar y educar de la mejor manera, no sonaba tan mal. Alguien que en un futuro le haría compañía, y podría hacer feliz. Ese sí sería un amor puro y sincero, sin mentiras ni amores falsos, eso es lo único que lo motivaba a tal cosa como un matrimonio e hijo por conveniencia. Porque amaría a su pequeño hijo o hija, lo cuidaría, lo protegería e inculcaría valores. Lo haría feliz como él hubiera querido serlo.
Solamente tenía que andarse con cuidado él también con respecto a la cosa esa de "los sentimientos", porque toda su vida había corrido en dirección contraria a aquel primitivo sentimiento, sabedor de lo que aquello era capaz de hacerle a las personas, las dañaba y dañaba todo a su paso cuando no se tenía cuidado.
Oliver ya había tenido suficiente de eso como para soportar otro episodio que pusiera su cómoda forma de vida en peligro, porque los sentimientos eran peligrosos, y cuando involucran a una mujer, son muy catastróficos. Él mismo había sido testigo del daño que podían causar a más de una persona, porque el alcance era masivo, todos alrededor sentían los estragos del amor que resulta mal.
No cometería el mismo error que su padre. No haría daño a la persona que le amaba, a las personas que confiaban en él. A los que cuentan con él.
Incluso si tenía que renunciar a su propia felicidad, no arruinaría la vida de los demás por sus propios errores.