Punto de vista de Adela
Los ojos magnéticos de Luis me observaban como si quisiera aprisionar mi alma. Su oferta salió de sus labios con una calma desconcertante, como si para él fuera una cuestión sin importancia.
Por otro lado, no podía creer lo que acababa de escuchar.
En mis visiones, sabía que él no tenía pareja. Nadie sabía qué había pasado con su compañera. ¿Había muerto temprano? ¿O nunca la encontró? Nadie tenía ni idea. Pero lo que no había duda era que muchas mujeres habían intentado estar a su lado, todas rechazadas de forma tajante, algunas incluso cometiendo errores tan graves que les costaron la vida.
Lo sabía. Por eso nunca pensé en convertirme en su pareja... pensé. ¿Cómo es posible que ahora me ofrezca marcarme...?
Luis me observaba fijamente, y luego sus ojos se entrecerraron lentamente.
—¿Hmm? ¿No soportas que otro te marque? —preguntó con voz suave, y casi pegué un brinco por el miedo que me provocó.
Apreté mis manos con fuerza y le respondí con firmeza:
—No.
En mis visiones, le entregué todo mi corazón y mi alma a Diego. Hice todo lo que pude por apoyarlo y protegerlo… solo para ser apuñalada en el corazón antes de que absorbiera a mi loba.
Ese futuro, jamás podría permitirlo. Haría todo lo que estuviera a mi alcance para evitarlo... lo que necesariamente implicaba alejar de mi vida a mi traicionero compañero.
—Desde el momento en que decidí evitarlo, ya tomé la decisión de cortar toda relación con él —le dije a Luis, con convicción.
—Es solo... que me sorprendió tu oferta —continué, sincera—. No esperaba que estuvieras dispuesto a marcarme.
Luis levantó una ceja, pero no respondió a mi declaración. En lugar de eso, me preguntó:
—Entonces, ¿cuál es tu respuesta? Piensa bien… porque no te lo voy a preguntar una segunda vez.
Lamiendo mis labios secos, le respondí con tono firme:
—Acepto.
—...pero —empecé a decir, pero no pude terminar, ya que Luis se acercó rápidamente a mí. Sin previo aviso, sentí su brazo rodearme la cintura, atrayéndome hacia él. Y antes de que pudiera reaccionar, sentí su respiración caliente a un costado de mi cuello… justo en el lugar donde debería marcarme.
—¡Espera! —dije apresurada, mientras mi corazón comenzaba a latir desbocado.
—No hay esperas ni peros. O aceptas ser mía, o no —dijo Luis suavemente. Cada palabra de su boca me acariciaba la piel, haciéndola estremecer. Su cuerpo estaba tan cerca del mío que mi rostro se sonrojó al instante por la vergüenza.
—Y como ya aceptaste, no perdamos tiempo —susurró contra mi piel, justo antes de que sus dientes rozaran suavemente mi cuello. Estaba completamente desconcertada.
Luis permaneció quieto unos segundos, como si me estuviera dando tiempo para detenerlo. Pero, aunque mi mente estaba confundida por la situación tan repentina, mi corazón ya había tomado una decisión: en esta vida, estaría del lado de Luis. Y no moví ni un dedo, dejándole hacer lo que quisiera.
Como si estuviera burlándose de mi falta de resistencia, Luis soltó una pequeña risa al ver que no me oponía. Luego, sus dientes penetraron lentamente en mi cuello.
Al principio no sentí nada... hasta que una energía cálida y suave comenzó a ingresar a mi cuerpo, viajando lentamente hacia mi corazón.
Fue como si estallaran fuegos artificiales en mi alma. Mi mente se quedó en blanco al instante, mientras mi cuerpo temblaba. En la base de mi cuello, sentí un dolor abrasante, como si algo se estuviera tatuando en mi piel.
Sentí calor y frío al mismo tiempo. Era como si mi alma estuviera ardiendo, pero mi cuerpo estaba completamente helado. En un momento, se volvió casi insoportable y sentí que mi cuerpo estaba a punto de romperse.
Los cálidos brazos de Luis me rodearon, dándome consuelo y protección. Mordí mi labio inferior y me incliné hacia él en busca de apoyo.
De repente, escuché a mi loba aullar y la sensación dolorosa cesó. Inmediatamente, una energía reconfortante recorrió mi cuerpo y suspiré aliviada.
—‘Ylva...’—llamé a mi loba, preocupada. —‘¿Estás bien?’
Mi loba aulló suavemente, indicando que estaba bien... incluso feliz. Suspire.
—‘Lo logramos,’—le dije. —‘Esperemos... que ahora estemos más seguras.’
De repente, sentí unos dedos acariciando mi cabello y una oleada de nervios me invadió.
Una marca es un símbolo de una promesa y proclamación de toda una vida. Desde el momento en que permití su marca sobre mí, ya le pertenecía a Luis. Y aunque no sentiría el lazo de apareamiento que experimentaría con mi compañero destinado, desde ese momento, Luis sería mi compañero... la otra mitad de mi vida.
Era como un matrimonio licántropo... Y acababa de casarme con Luis, el alfa de la manada de Talcán... el hombre lobo más misterioso del reino inferior.
Luis no apartó sus brazos que rodeaban mi cuerpo y todavía sentía su aliento cálido sobre mi rostro, indicando lo cerca que estábamos el uno del otro.
—‘Parecemos verdaderos amantes,’—pensé para mí misma antes de que mi corazón latiera más rápido. La realización de nuestra posición actual me hizo sentir aún más avergonzada. Y Luis definitivamente empeoró la situación cuando de repente tocó mi nariz con su dedo antes de decir:
—Esa es una buena chica.