Punto de Vista de Adela
—¡Bien dicho! —comentó Elisa. —Nuestra Luna, por supuesto, es solo para el Alfa. Los otros Tom, Dick y Harry deberían largarse y dejar de entrometerse en la relación ajena —añadió con frialdad.
Diego me escuchó y sus hombros comenzaron a temblar antes de estallar en una risa cruel y profunda.
—Ya veo —dijo.
—A mí no me importa eso de los mates y esas cosas. Pero me interesas tú. Así que te conseguiré. No me importa si eres la mate de ese bastardo o no.
De repente, una luz verde estalló de su cuerpo. La luz verde era la misma que la emitida por el...