―¡Qué rayos te pasó!
La voz armónica y a la vez altanera de Marlene me sobresalta. Me separo del librero de un salto aun cuando sé que no estoy haciendo nada malo y me sonrojo. Desde el primer día que vi a Marlene me percaté de su belleza, tengo que reconocerlo, pero ahora que la veo ceñida en su vestido de satén color rojo carmín y su melena perfectamente peinada y adornada con un broche color rojo, entiendo qué quiso decir Giuli acerca de los pensamientos lésbicos. Los ojos de la chica brillan bajo la luz de la habitación, la expresión en su rostro es entre confusa y asqueada.
―Alguien...