Sebastián titubea un momento.
―Mierda, sí ―frunce el ceño―. No sabía para qué los querían, lo de mis huellas dactilares lo imaginé ―chasquea la boca―. Mi abogado dijo que simplemente los diera y ya...como si supiera que no coincidirían. Dijo: Si lo que dices de ser inocente es cierto, simplemente da el calzado.
―¿Quién era tu abogado? ―inquiere Dalia.
―Un tipo de Andrade-Cruz ―responde dubitativo―. Mi madre quería a Cristóbal Cruz, pero estaba ocupado y mandaron a otro.
Una luz se enciende en mí, Cristóbal Cruz es el abogado que llegó antes de que metiera la pata.
―Miren, he sospechado de los Diener desde el inicio ―explica ansioso―, pero uno...