Sissy pronunció su nombre en un suave murmullo.
—No te asustes, estás ahora a salvo.
—¿No estoy soñando? —preguntó entre lágrimas.
Alessa se acercó un poco más y la abrazó fuertemente.
—No, a partir de ahora todo estará bien —decía alisando su cabello.
—Perdóname, por ser tan cobarde.
—Shuuu, cariño. No hay nada que perdonarte. Sólo quiero que te pongas bien y te recuperes.
A la pobre mujer le costaba hablar.
—Pensé que había llegado la hora de mi muerte cuando desperté en este lugar.
—Puedes relajarte ahora. Estamos aquí para ayudarte.
Se veía tan débil que a Alessa se le rompía el alma. Ella con Liam eran la alegría...