—¡Maldito Hombre! —exclamó furiosa Alessa en el baño. ¡Joder! Ahora iba a estar sin bragas todo lo que quedaba de la fiesta. Porque él se las había rasgado, y se las había llevado.
Cada vez que pasaba la toallita para limpiarse gemía. Tenía el sexo sensible y caliente, todo era culpa de Yasir. Trató de recomponerse lo mejor que pudo. Salió en busca de Erick.
—¿Te ha pasado algo? —preguntó él al verla.
—Absolutamente, nada —respondió y le quitó el vaso de licor que él tenía en sus manos y se lo tomó a pecho.
—¡Wooa! Despacio —dijo divertido y le quitó el vaso—. Sé muy bien, cómo te pones...