Punto de vista de Gabriela
—¿Estás satisfecho con lo que ves, papá?
—Me lamí el interior de mi labio inferior—. ¿Te gusta el coñito rosado delante de ti?
—Gruñó.
Separé un poco más las piernas.
—¡Joder!
—Rugió y fijó su mirada en mí con tanta hambre—. Tócate, mi zorrita. Juega con tu coñito para mí. Sonreí y metí las manos entre mis piernas hasta que mis dedos se deslizaron entre los labios de mi sexo, el cual se encontraba caliente. Me mordí el labio y fijé mi mirada en él. Eché la cabeza hacia atrás, sintiéndome extremadamente caliente y necesitada. El placer corrió por mis venas, haciéndome gemir con fuerza....