Punto de vista de Gabriela
No estoy seguro de lo que este hombre está haciendo, pero a la mierda, estoy en el juego. Empezó a desabrocharse la camisa justo antes de empezar a conducir. Mis mejillas comenzaron a sonrojarse. El calor que irradiaban mis mejillas llegaba hasta mi interior. No pude evitar frotar mis manos por todos sus cincelados músculos. ¿He añadido que este tipo sigue volviéndome loca hasta el día de hoy? Para ser sincera, no me arrepiento de la noche en que me enseñó a tener sexo en aquel hotel. Me miró con lujuria en los ojos mientras yo fijaba mi mirada en él.
—¿Piensas conducir sin camiseta?
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