•Sara•
Estamos en el restaurante y nada más pienso en lo que sucedió "Sam, Dios, Sam" qué vergüenza, espero que Margot no escuchará nada.
Sam ordena el servicio, está sonriente, me encanta su sonrisa, siempre me ha gustado su sonrisa y sus cejas pobladas son hermosas y perfectas, estoy embobada admirando belleza cuando me habla.
—Cariño, sé que soy hermoso, pero disimula—bromea y me guiña un ojo.
Ruedo los ojos y lo observó con chulería.
—Se le cayó el ego, al Señor Cruz.
Suelta una risa sonora y extiende su mano y deja varios besos en mis nudillos.
—Come, cariño. Quiero que salgamos fuera esta noche. Hoy serás mi novia...