7. Sólo mía.
Los días avanzaron, su cabeza estaba en cualquier parte menos en el trabajo y eso lo frustraba cada vez más. Su humor no era el mejor de todos, se odiaba por no poder tomar decisiones sin enroscarse en temas ajenos y la veía a ella. Allí estaba sonriendo como todas las mañanas , hablando siempre mucho y sin cansarse. Notaba esa luz llena de inocencia pero a la vez algo de misterio en sus ojos.
Una mano frente a sus ojos moviéndose hace que vuelva a la realidad — ¿Se encuentra bien? — pregunta asustada.
Cierra los ojos y respira hondo — Si, si — repite volviendo...