21. Sin mentiras.
El tiempo siempre da la razón. Su tiempo se estaba agotando y sus mentiras ya no tenían límites.
Recordó bien como fue que se lastimó la rodilla y el dolor que sentía cada vez que caminaba. Disimuló todo lo que pudo en su empleo hasta que él la miraba a lo lejos, se reía un poco cuando intentaba sentarse en su escritorio pero cuando podía espiarla sin que se de cuenta.
Pasa por al lado — Necesito que vayas por mi café y fotocopias de esta carpeta — dice entregándole todo.
Asiste con la cabeza — En 10 minutos se lo llevo todo realizado — afirma.
Se...