RELATA SANTIAGO.
Ahí estaba ella, tan hermosa y radiante como una flor en primavera. Detuvo mi corazón con solo una mirada y arremetió con fuerzas.
Al subir me saludó con su mano fría y suave, tan suave como la seda. Su denso aprieto hizo recorrer por mi cuerpo un fluido imantado.
-Esta muy hermosa… Adule su belleza y el rubor en sus mejillas apareció.
Bajo la mirada y me tome el atrevimiento de tomar su mentón y alzarlo. Digerí gruesa saliva inflando mi pecho.
-Nunca baje la mirada, sus ojos son tan hermoso que podría pasarme horas enteras mirándolos – “El corazón de Erika se llenó de emoción. El hombre...