Al verlo llegar Margo y Selena lo abordaron con abrazos fornidos, Santiago se sintió apapachado por el amor que su familia le tenía.
Lucio era el más emocionado, la alegría que ocasionó ver con vida a su nieto le desgajó las lágrimas. Siempre fue un hombre fuerte difícil de llorar.
- Abuelo… ¿estas llorando?
El anciano se cubrió los ojos con ambas manos, luego Santiago lo abrazo y se palmaron la espalda. Todos se asombraron al ver llorar a Lucio puesto que jamás mostró debilidad alguna.
- Y mi hijo… ¿Dónde está? – todos se quedaron miraron entre si, intentaron ocultar la verdad, pero a Santiago era algo. Le conocían...