Relata Santiago.
—¿Qué es lo que le molesta, señorita?— Cuestioné al mirarla fijamente.
—Me molesta que use un químico tan fuerte sin importarle que las personas que compran sus flores se intoxiquen. Eso fue lo que sucedió con mi esposo, compró su miserables flores y terminó en un hospital, gracias a su empresa he pasado el peor aniversario de mi vida—, dijo al asentar las manos sobre el escritorio y mirarme fijamente.
Con mis manos en los bolsillos me incliné hacia ella y me perdí en su mirada. Lo que vi tras sus pupilas me obligó a retroceder, yo sé que ella vio lo mismo, pues su rostro se acartonó...