Después de aquella cena, salieron a recorrer los lugares donde solían pasar, se pararon frente a la basílica y ahí se sentaron a contemplar el enorme monumento. El viento soplaba con fuerzas y la noche estaba helada, el frío estremecía sus cuerpos y el silencio perduro.
-¿Ya lo sabes? – Imaginando a que se refiere, Erika evita responder y le pide que la lleve a casa.
- No quiero hablar de eso, podrías llevarme a casa – suspira profundo y no puede mirar a los ojos de ese hombre, que descontrola su corazón. Inflando su pecho por el dolor que siente, Adrián camina hasta el auto y la lleva a...