Relata Erika: Estoy terminando de hacer la ensalada cuando las manos de Santiago rodean mi cintura, a continuación deja una línea de besos por mi cuello hasta llegar al pómulo de mi oreja. Giro un poco mi rostro y me encuentro con el suyo, lentamente sube su mano y acaricia mi cutis, procedemos a unir los labios y formamos así un beso apasionado —Te amo, nunca dudes de ello— expresa y hace que mí seguridad crezca.
Después caminamos hasta el comedor, se sienta en una de las sillas y me lleva a sus piernas. Suspiro su aroma y beso su mejillas. Luego de un par de besos degustamos de la...