—Les voy a pedir a las dos que dejen de insultarse y ofenderse, Alitzel tu eres mi esposa y como tal debes respetar a mi madre, Madre, de la misma forma te pido que respetes a mi esposa, te conozco muy bien y solo te voy a decir una cosa…
Alitzel suspiró y se dio la vuelta, salió del despacho por qué siempre era lo mismo. Santiago no hacía nada para sacar a su madre de aquella casa, se sintió decepcionada y subió hasta la habitación, empezó a empacar su ropa y la de Santi, no estaba dispuesta a seguir soportando a su suegra ningún día más.
Después de hablar...