Una vez que salió de la ducha se metió bajo el cálido plumón. Lloró al recordar a Santiago, se arrepentía no haberle dicho cuanto lo quería, su orgullo pudo más y lo dejó partir sin darle un beso de despedida. Volver a verlo sería imposible, había pasado un mes y medio desde que el río lo arrastró, que estuviera con vida era imposible.
A la mañana siguiente se levantó y empacó. Bajo junto a Matías con la maleta en mano, vio a su madre y suspiró. Esta última se encontraba sentada en la sala con la mirada fija en la pared, le dolía que Erika se marchara pero su orgullo...