__¡Que no es mi madre! —Exprese alzando la voz, y lo que conseguí fue que mi padre me golpeara, ni siquiera la vi venir, solo sentí el golpe caer sobre mi rostro. Inmediatamente mis ojos fueron invadidos por lágrimas, las cuales despeje al segundo siguiente que rugí. —Te odio, te odio por nunca creer en mi. —Dicho eso corrí por las gradas y aparte a la estúpida de Cristal que reía en silencio de mi desdicha.
Cerré la puerta tras de mí y encendí la música, como lo hacia cada vez que ese hombre llamado Sandro Intriago, no creía en mi, pero hoy, hoy el dolor era más fuerte, porque...