Mount
Paso del teléfono las tres primeras veces que lo siento vibrar en el bolsillo, pero cuando lo hace por cuarta vez, Amira suelta una risilla y se aleja para cambiar otra vez la música.
Lo saco del bolsillo, cabreado porque alguien se atreva a interrumpir lo más parecido que he tenido a un banquete de bodas. Solo Amira y yo, bailando en el restaurante a la luz de las velas mientras la luz de la luna entra a raudales a través del grueso cristal de las ventanas.
Miro la pantalla. Es J.
—¿Qué está pasando que no puedes encargarte tú?
—Acaban de soplarme que la poli va a registrar...