Luego de casi cuatro semanas, ya Chelsea se había puesto al día con todo el papeleo, había organizado completamente toda su oficina, tenía guardadas por orden alfabético cada carpeta de cuentas, cada contrato, era una friki de la organización y así lo había dejado plasmado en su espacio. Ella no solo había organizado, también se había esmerado por ser la mejor asistente que podía existir, había determinado muy firmemente que no le daría ninguna excusa al canalla de Steve para que llamara su atención, la señalara negativamente o la amenazara con expulsarla de la empresa, se vio obligada a recurrir a todas las técnicas de relajación existentes para controlar su ira y no darle una mala contesta, pero lo había logrado.
Ya sabía que Steve llegaba en días normales alrededor de treinta minutos tarde y, las noches en la que se iba de fiesta, hacía su aparición sobre los mediodías, así que, cuando llegaba, ella ya le tenía su taza con café preparada y caliente encima de su escritorio junto con el horario del día donde quedaban bien especificadas cada una de sus reuniones y eventos.
Esto, lejos de mortificar a Steve le causaba algo de gracia, era consciente del porqué ella hacía todas esas cosas, todavía no se le había olvidado la cara que puso aquel día en el que lo estaba espiando mientras estaba con Larissa. Sin habérselo propuesto, llevaban un juego repleto de adrenalina, al menos para él, ese tira y jala constante que había entre ellos dos lo único que había conseguido era que la deseara más, estaba seguro que si llegara a hacerla suya nuevamente le podría demostrar que todo lo que estaba haciendo no era más que un papel que estaba interpretando, una máscara de la chica ofendida porque, en el fondo, se moría de ganas por estar con él.
Por suerte para ambos, los pensamientos de cada uno se mantenían en secreto dentro de sus cabezas, de lo contrario, se odiarían más, o, mejor dicho, pretenderían hacerlo. No tenían ni idea de lo mucho que se morían de ganas por volver a estar juntos, por disfrutarse una vez más, pero el ser humano suele negarse las cosas que quiere muy a menudo.
Justo el martes de esa semana, Chelsea se asombra cuando se encontró a Steve en su oficina, había llegado puntual, eso no es algo que podría ver todos los días. Se apresuró todo lo que pudo y, unos siete minutos después, ya se lo estaba entregando al mismo tiempo que Hugh hacía su entrada.
—Que bueno que me los encuentro aquí a los dos —a diferencia de su hijo, Chelsea sentía un gran apego por Hugh, era un señor al cual el dinero, las riquezas y lujos que poseía no lo habían cambiado, continuaba siendo tan humilde como en sus inicios, sin mencionar lo bien que siempre la trataba— Hijo, ¿recuerdas que dentro de dos días es la reunión con los ejecutivos de Montreal, cierto? —Chelsea se lo había estado anotando y resaltando en su agenda por varios días, pero, como era costumbre, Steve ni siquiera prestaba atención a sus compromisos hasta que estaban muy cerca.
—Sí, papá, claro —le mintió haciendo que Chelsea pusiera sus ojos en blanco porque sabía que él no tenía ni idea de lo que su padre le estaba hablando.
—Pues, perfecto, salen dentro de dos días.
—¿Salen? —preguntó ella.
—Sí, claro, eres su asistente y Steve estará todo el tiempo de una reunión en otra, no tendrá tiempo prácticamente para nada, necesitará tu ayuda.
En cuanto escucha sus palabras, Chelsea se queda congelada en el lugar. Hasta ese momento, Steve no le había mencionado nada del viaje, no sabía que tendría que salir del país, claro ¿cómo podría hacerlo si él ni siquiera lo sabía hasta hace unos segundos? No podía negarse, esto era parte de su trabajo, pero su cabeza estaba a punto de explotar, no había preparado absolutamente nada y su parte obsesionada por la organización la estaba matando, eso sin mencionar que no quería pasar veinticuatro horas seguidas al lado del cretino de Steve, ocho horas en la empresa le eran suficiente para odiarlo cada vez más, así que, varios días sería una tortura.
—¿Hay algún problema, Chelsea? —le preguntó Steve muy divertido, se imaginaba todo lo que debía estar pensando ella y eso le causaba satisfacción además del hecho de que tendría más tiempo de calidad para poder volver a estar con ella.
—No, ninguno señor Bullock.
—Pareces un poco alterada. —insistió él.
—No, es solo que no había considerado que tendría que viajar, pero no pasa nada, estaré lista
—Pues perfecto entonces, sé que Steve estará en muy buenas manos, ya me han dicho que has sido la mejor asistente que hemos tenido en mucho tiempo —y, guiñándole un ojo, salió de ahí.
—Entonces… ¿estás lista? —le preguntó el sonriendo.
—Yo siempre estoy lista —le respondió ella .
—Eso ya lo veremos, salimos mañana en la tarde.
—¿Mañana? Las reuniones no comienzan hasta el jueves —sus ojos estaban abiertos de par en par, tendría mucho menos tiempo para organizarse del que había pensado.
—Sí, pero no estarás esperando a que lleguemos a esas reuniones con nuestras maletas y acabados de llegar al aeropuerto ¿cierto? —él sabía que toda esta noticia la había sacado de paso y eso le estaba haciendo su día— no te preocupes, yo te cuidaré —ella lo fulminó con la mirada, pero no le dijo nada más, salió de su oficina y regresó a hacer su trabajo.
No sin mucho trabajo, varios cafés y un poco de dolor de cabeza, Chelsea logró dejarlo todo bajo control antes de tomar ese jet privado. Se había preparado mentalmente para pasar dos días completos al lado de ese cretino, comenzando por el avión. Para su suerte, llegaron demasiado cansados y fueron directamente hacia sus habitaciones que, dicho sea de paso, estaban continuas al igual que sus oficinas en la empresa.
Después de descansar, ambos se prepararon para la cena con la que serían recibidos por los hermanos franceses, André y Chris Dapeud. Steve bajó primero que ella al restaurante para beber una copa, siendo mujer, debía tardar una eternidad. Pero paea su sorpresa, ella llegó un minuto después que él, realmente era excesivamente puntual.
Cuando Steve la vio, casi su mandíbula se le cae por completo de su rostro, esto no era algo deliberado, Chelsea sabía que esas reuniones con los ejecutivos era algo importante y muy serio, debía estar vestida adecuadamente para la situación pero, si Steve estaba jugando con ella, ella también podía hacerle lo mismo, así que ¿por qué no ser la asistente sexy? Se había asegurado de empacar ropa elegante, pero que fuera sensual a la vez comenzando por el vestido rojo que llevaba hormado a la forma de su cuerpo, resaltando cada curva y combinando perfectamente con su pelo haciéndola resaltar y, ni hablar de la abertura que tenía en la parte trasera de sus muslos, estaba realmente preciosa y eso no pasaba desapercibido para los ojos de Steve.
—Buenos noches, señor Bullock —le dijo ella extendiéndole su copa con vino y sonriendo ante la reacción de él, esta vez, ella llevaba la delantera.
—Buenos días, señorita Smith —él no le hizo ninguna observación, pero, era consciente de que no hacía falta, sabía que había perdido de forma fatal este asalto.
Ya en la reunión, lo menos que podía hacer él era concentrarse en lo que los futuros inversores de la empresa decían, le resultaba imposible, sus ojos no se separaban de Chelsea y de ese vestido rojo, el vestido de la venganza. Hasta ese momento, no se había fijado en las pecas que tenía tanto en su mejilla como en su espalada, algo que le resultaba muy sensual, su piel parecía porcelana, sus caderas eran todo un manjar y ni hablar de sus piernas ¿Cómo no se había dado cuenta de esos detalles la primera noche en la que la conoció? Si ella caminaba, los ojos de él la seguían a cualquier lado, pero no era el único que la había notado, los demás hombres presentes también se habían dado cuenta de su belleza. En un pequeño receso, varios se le acercaron y las conversaciones comenzaron.
—¿De dónde has sacado a esa chica? Con una asistente así, no me importa que no haga bien el trabajo —le comentó Chris Dapeud.
—Y ¿qué te hace pensar que ella no hace bien su trabajo?
—Oh, vamos, es imposible que siendo tan malditamente sexy tenga buen cerebro, es así para las mujeres, las feas son inteligente y las lindas, sencillamente no.
—Pues te equivocas, es la mejor asistente que he tenido en la vida y, te aconsejo que si deseas hacer negocios con Bullock&Company te limites a hablar de trabajo y elimines los comentarios machistas como ese de tu repertorio ¿te ha quedado claro? —el hombre no dijo nada más, simplemente se fue en silencio dándole espacio a Steve para darse cuenta de que sin dudas, Chelsea era mucho más de lo que había notado, si hasta ese momento la deseaba, ahora lo hacía el doble, tenía que volver a estar con ella, aunque fuera lo último que hiciera. Todo este tiempo en la empresa pensaba que él llevaba la delantera, no tenía ni idea de que ella lo estaba dejando pensar que ganaba.
Esa noche cada uno volvió a su habitación, Steve no se atrevió a molestarla, algo en su interior había cambiado, quería acercarse más a ella y sabía que, para lograrlo, tendría que ser más delicado. Por su parte, ella tenía un sentimiento de victoria en sus adentros, había notado la forma en la que Steve no le pudo quitar los ojos de encima ni un solo momento, pero eso solo había logrado que el deseo por él que tanto se había empeñado por esconder, apareciera con todas sus fuerzas. Ninguno de los dos dijo ni una sola palabra, sencillamente se saludaron con un movimiento de cabeza y entraron a sus habitaciones.