Las luces de la cuidad se reflejaban en el vidrio del parabrisas, ya se había hecho bastante de noche, apenas encontraron al pelirrojo y le colocaron su chaqueta se fueron caminando al auto sin que en ningún momento la rubia le soltara la mano a Armand, y notando el curioso detalle que el pequeño también apretaba de manera poco usual la mano de su madre como esperando jamás volverse a perder de su lado.
Vio por el retrovisor, el pequeño estaba acostado y con sus ojos cerrados, se había quedado dormido cinco minutos después de que subieron al auto, al parecer estaba agotado, claro que debía estarlo, se peleó con...